El próximo 26 de abril, nuestra familia de la Iglesia se reúne. No es un día más, sino una bonita oportunidad para abrazar con el corazón a esos jóvenes que se animaron a decirle «sí» al Señor. Hay una pregunta que nos atraviesa a todos y que no nos deja estar sentados en el sofá: «¿Para quién soy yo?».
El mundo de hoy hace mucho ruido, ¿verdad? A veces tanto que nos tapa los latidos del corazón y nos empuja a la cultura del descarte. Pero por debajo de ese barullo, si hacemos un poco de silencio, se escucha el susurro dulce de Dios. Esta Jornada de Vocaciones de 2026 nos sacude y nos recuerda de qué va la vida: no estamos aquí para mirarnos el ombligo, para «balconear la vida», sino para ser un regalo para los demás.
La solidaridad de la oración: Todos oramos por todos
El lema de este año, «Todos oramos por todos», nos lleva al corazón de lo que significa ser cristianos. Nadie se salva solo, hermanos. Somos una comunidad, y la oración del otro es el oxígeno que a veces nos falta. Esos seminaristas y religiosos que están allá, en las tierras de misión, necesitan nuestro apoyo; pero, ojo, nosotros también necesitamos su testimonio valiente para que nuestra fe no se quede dormida, para no ser cristianos con «cara de vinagre». La oración es una red de amor que no sabe de fronteras.
Vocaciones nativas: luz desde las periferias
Allá en África, en Asia, en Oceanía… en esas periferias existenciales y geográficas, la semilla de Dios está brotando con una fuerza que emociona. Estos jóvenes no huyen de su tierra; al contrario, quieren ser voz, consuelo y esperanza para su propia gente, ensuciándose los zapatos con el barro de su pueblo. Ellos son el rostro más bonito de esa «Iglesia en salida» que tanto necesitamos. Pero muchas veces, el peso de la pobreza les pone obstáculos. Por eso, echarles una mano no es tirarles una limosna desde arriba, ¡es un acto de verdadera fraternidad! Estamos cuidando a los pastores que van a sanar a su pueblo desde adentro.
¿Cómo podemos ser compañeros de camino?
La generosidad no es dar lo que nos sobra, es compartir lo que tenemos. Esta campaña nos invita a no mirar para otro lado y a comprometernos de dos maneras muy concretas:
- Jugársela con la oración: Seamos misioneros desde la oración. Ese ratito de silencio tuyo le da fuerzas a un seminario en el rincón más alejado del mundo. ¡No dejéis de rezar, que la oración hace milagros!
- El compromiso material: El sistema de becas de OMP (Obras Misionales Pontificias) nos da la oportunidad de hacer que esos sueños no se trunquen:
- Un curso académico (350 €): Para allanarle el camino a un estudiante.
- Media beca (1.000 €): Para asegurar tres años de formación.
- Beca completa (2.000 €): Para ser su compañero de ruta durante los seis años enteros.
Soñemos juntos y “hagamos lío”
Esa preguntita, «¿Para quién soy yo?», no se responde con teorías, se responde gastando la vida. Dios no te pregunta quién eres, sino a quién le vas a entregar tus días. Este mundo necesita testigos, necesita corazones ardientes y manos abiertas. ¡”Hagan lío”, un lío del bueno, el lío del amor y la solidaridad!
El 26 de abril, que nuestras oraciones y nuestra ayuda sean una fuente de esperanza. ¡No tengáis miedo, que el Señor camina con nosotros!
Más información y donaciones de corazón: paraquiensoy.com Nos encontramos el 26 de abril. Todos oramos por todos.



